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El veloz TLC con Emiratos árabes que deja firmado el Gobierno Duque para favorecer a los Gilinski dueño de la revista Semana

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Con lo que ha hecho el gobierno de Iván Duque, es suficientemente grave, pero nada tan lesivo como un Tratado de Libre Comercio, hecho a las volandas, con el que quieren dejar amarrado para siempre al país.


Se trata de un veloz TLC que planean pactar con Emiratos Árabes Unidos (EAU). Las negociaciones del acuerdo empezaron apenas en marzo de este año y pretenden concluirlas antes del 7 de agosto. Las más recordadas inversiones emiratíes en Colombia consisten en una sociedad de la familia real de Abu Dabi con los Gilinski, los dueños de la revista Semana, para quedarse con las empresas Nutresa, Sura y Cementos Argos aún controladas por el Grupo Empresarial Antioqueño.



El rapidísimo TLC está listo para cerrarse con apenas dos rondas de negociación. Solo para ofrecer una referencia vale recordar que el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos se conversó en al menos once rondas de negociación a lo largo de varios años y tuvo mecanismos de información permanentes al Congreso de la República y a los empresarios interesados. Esas instancias de información se llamaron el “cuarto del Congreso” y el “cuarto de al lado”. El TLC con Singapur tomó casi cuatro años. Con Japón se ha negociado por más de nueve años y trece rondas.


Sin embargo ahora, por obra y gracia de la prisa del presidente Duque, Colombia va a firmar con los Emiratos en menos de cinco meses. Lo curioso es que Iván Duque había prometido en su campaña no firmar más tratados de libre comercio.


El gobierno de Iván Duque, que trabajó como el más disciplinado miembro del equipo de los Gilinski para favorecer la toma hostil de Sura y Nutresa, ahora quiere dejarle, como legado al país, un TLC con los financiadores de la operación.


Los documentos de las OPAs de los Gilinski registraron como socia de la operación, con el 49.99 por ciento, a una firma llamada Aflaj Investment LLC. El cuadernillo de la oferta por Nutresa establece: “Aflaj Investment LLC es una sociedad de responsabilidad limitada, constituida en 2009 y con domicilio en Abu Dhabi, Emiratos Árabes Unidos. Esta sociedad hace parte del grupo de empresas Royal Group”. El Royal Group no es otra cosa que la familia real del emirato de Abu Dabi.


Como si faltaran pruebas, las tomas financieras de los Gilinski fueron garantizadas con cartas de crédito stand-by expedidas por el First Abu Dabi Bank, el banco de la familia real de Abu Dabi. El miembro más visible de esa familia real es el jeque Mohamed bin Zayed, emir de Abu Dabi y actual presidente de los Emiratos Árabes Unidos.


En noviembre del año pasado, cuando el emir Mohamed Bin Zayed era aún príncipe heredero de la corona, el presidente Iván Duque aterrizó en los Emiratos Árabes Unidos con una inmensa comitiva de empresarios que llevó en el avión presidencial. En ese viaje también estuvieron Jaime y Gabriel Gilinski, pero ellos llegaron por sus propios medios. El jet Falcon 7X de los Gilinski estaba estacionado en Abu Dabi y de ahí voló a Israel donde Gabriel Gilinski fue visto varias veces en compañía de Duque.


Quizás no sea necesario probar la permanente adulación y lambonería de Semana con el presidente saliente Iván Duque. Lo presentan como un gran gobernante, un líder universal, un genio incomprendido y además esbelto. 
La semana pasada previnieron a sus lectores para que se fueran acostumbrando a que Iván Duque lleve como expresidente una vida de multimillonario porque, según ellos, en el mundo están esperando con ansiedad para pagarle por cada conferencia lo mismo que le pagan al expresidente Barak Obama, además que Netflix no ve la hora de contratar las interesantes series que podría hacer si fundara una productora.


En fin, todo esto para decir que en esta frenética y costosa despedida de gobierno nos va a quedar muy claro que la venta de Semana —de la cual le siguen debiendo una platica a Felipe López— resultó magnífica para los negocios de los Gilinski, grandiosa para el emir Bin Zayed, buena para Iván Duque a quien le gusta que le digan lo que quiere oír, mala para Colombia y pésima para el periodismo.


Créditos: Daniel Coronell y Revista Cambió.


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